En la antiguedad, un tiempo rústico sin ordenadores ni impresoras, la humanidad se valía de métodos nemotécnicos para conservar datos. Cifras, fechas, nombres; todo aquello que era necesario conservar, se almacenaba en el cerebro y se sostenía mediante la palabra, que se transmitía de una generación a la siguiente. Hoy, aquella técnica parece sorprendente. Y en ella se inspira este novedoso conjunto de tres cubos geométricos habitados por un pequeño hombrecillo y múltiples habitaciones. ¿Tienes un EyeToy de PS2 a mano?

La modernidad nos ha cambiado. Ya no somos como aquellos sabios de los tiempos remotos, capaces de grandes pensamientos y de una memoria prodigiosa. ¡Vamos, ni siquiera podemos multiplicar y dividir como nuestros mismísimos padres sin usar una calculadora! La tecnología nos va haciendo la vida cómoda y fácil, a un precio tal vez demasiado alto: estamos idiotizándonos. Sin ordenadores, sin fotografías ni vídeos, sin extensas listas impresas ni enormes bases de datos a salvo en ignotos servidores al otro lado del mundo, estamos vacíos de información. En el Internet tenemos todo a un clic de distancia; cantidades de datos que, sin embargo, no retenemos; porque no hace falta, están allí en el momento en que los necesitemos. No tiene ya sentido recordarlos.
Difícil es, en nuestro mundo actual, prescindir de la tecnología. Parece imposible dejar de confiarle a las máquinas nuestros recuerdos. Cabe preguntarse qué ocurriría si esos seis súper procesadores casi desconocidos que dan vida a la red de Internet desaparecieran. Muchos probablemente no encontrarían sus lugares de trabajo sin ayuda del GPS, pues ahora tampoco es necesario recordar caminos ni calles.
En este mundo tan singular, un hombre antiguo se sentiría un dios. Imaginen: sería un tío capaz de recordar los nombres completos de todos sus conocidos además del apodo, las direcciones donde viven, las fechas de sus cumpleaños, sus colores favoritos, los precios del supermercado, los nombres de países y ciudades, los recorridos del tren, y mucho más. Casi ninguno de nosotros, hoy, es capaz de algo así.
Sin embargo, todavía es posible entrenar el cerebro. Después de todo, es como un músculo más de nuestro cuerpo, y por tanto susceptible de mejorar mediante la práctica frecuente. Además, existe al parecer una necesidad, un ansia de hacerlo; el cerebro se resiste a dormir. Los niños adoran los juegos de memoria, y los adultos sentimos curiosidad aunque no tengamos demasiadas ganas de practicar. Esto explica el éxito de vídeo juegos como Brain Age: Train Your Brain in Minutes a Day, de Nintendo DS, por nombrar un caso notable.
levelHead se inspira en esta situación. Se trata de un cubo plástico (actualmente, son tres cubos similares de diferente color y que presentan niveles de dificultad progresivos), que podemos rotar entre los dedos al tiempo que miramos en la pantalla del ordenador una imagen transmitida a través de una cámara de PlayStation 2, la conocida EyeToy. Mirándolo en la pantalla, en la cara frontal del cubo se puede ver superpuesta una imagen de vídeo que muestra una pequeña habitación con puertas, desniveles y escaleras, y un pequeño hombrecillo.
Inclinando el cubo, el jugador puede indicar la dirección de movimiento al hombrecillo. Este camina hacia donde se inclina su diminuto entorno. El objetivo es encontrar la salida a través de una serie de habitaciones.
Para despejar toda duda: el cubo que sostenemos en las manos no tiene nada, es solamente un cubo geométrico de plástico, excepto que posee un patrón único impreso en cada una de sus seis caras, mediante el cual el software del juego identifica cuál de las caras es la que está mirando a la cámara y en qué posición el jugador está sosteniendo el cubo. En la pantalla del ordenador, la cara que enfrenta al ojo de la pequeña cámara luce como si adentro del cubo hubiera una habitación.